Elogio del futbolista amateur

Con casi 43 años a cuestas, el veterano mediocampista Norberto Calleja disputó su último partido de futbol en una liga organizada.

Portó su primer uniforme a la edad de seis años cuando sus familiares lo inscribieron en la liga infantil de su pueblo natal. Ya mostraba dominio de balón, toques rápidos y visión de campo. Su discreción como persona –lo acusaban de no tener personalidad- y su extraño diseño, le sirvieron de disfraz frente a rivales que descartaban, en sus piernas flacas y tórax de uva, cualquier clase de peligro. Achaparrado y sin cuello, de cabeza demasiado pequeña, pocos hubieran calculado en esta singular escultura la habilidad para controlar el balón y protegerlo de los asaltos rivales.

Jugó más de 35 años. Un regalo de la vida, tal como lo dijo el día de su último partido, algo que pocos futbolistas pueden presumir.

En esas tres décadas y media vistió docenas de camisetas de futbol. Ganó cuatro competencias, dos de ellas entre los 20 y 30 años, una más en un torneo de futbol rápido del desaparecido Centro Rayo, y la última copa, tal vez la más exquisita de todas, un par de años antes de su retiro en compañía de los jugadores que celebraron su retiro con carnes asadas en una tarde de sábado del Distrito Federal.

Su equipo, el Tasmania F.C., llegó a probar que en el futbol no existen enfermedades terminales. Un equipo puede aparecer desahuciado semana tras semana con resacas, heridas corporales, corazones rotos y una erosión moral irreparable, para levantarse hasta lograr incendiar sus propias cenizas. Lo cierto es que el equipo patrocinado por la Casa de Empeño donde labora Norberto, se empeñó desde sus inicios a las agruras de las derrotas consecutivas y a la paciencia requerida para completar la oncena dos semanas seguidas.

El día que Norberto se retiró, antes de la celebración con las carnes asadas, el Tasmania le rindió homenaje al futbol más puro con una derrota. El partido fue durísimo y como suele ocurrir en las canchas amateurs, poco espectacular. Nadie vio el partido. Cayeron 2-0 ante los Tamarindos, una selección de supuestos policías que cumplían con un requisito deportivo impuesto por los mandos superiores.

por Benjamín de Buen @bdebuen

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