La literatura en tiempos de likes

Fue gracias a un tuit emitido hace algunos meses por un escritor que supe del autor noruego Karl Ove Knausgaard y su larga serie de novelas autobiográficas. El tuit encumbraba al quinto de seis libros de la serie de Knausgaard y en los 140 caracteres el autor del tuit decía que llevaba varias horas leyendo sin poder abandonar la lectura. No hice mucho caso más allá de una búsqueda rápida de Knausgaard en Google, obedeciendo a las sospechas que generan estos tuits—se anuncia un reajuste de prioridades que implica leer a Knausgaard por encima de comer, dormir, escribir, pero no por encima de detenerse para anunciar este suceso en Twitter.

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Foto: Odón de Buen

 

A los pocos días aparecieron reseñas de Tiene que llover en distintos medios en línea y al enterarme que este quinto libro de la serie hablaba sobre la formación literaria del autor, decidí entrar a Goodreads, dispuesto a reconocer que no tenía elementos para juzgar, no sólo a Knausgaard sino al autor del tuit, como es mi costumbre.

Pocos autores tienen las reseñas y ratings que tiene Knausgaard en Goodreads. Es extraña esta página, uno ingresa los libros que va leyendo y los va calificando con la esperanza de recibir a cambio una buena recomendación de un libro calculada por algún tipo de algoritmo cibernético (casi siempre fallido). Ante esta situación, he usado este sitio como campo abierto para mis pequeñas envidias literarias: para casi cualquier obra hay una opinión que resuena con la propia, ya sea buena o mala.

En el caso de Knausgaard, a pesar de filtrar los ratings bajos, fue imposible encontrar un argumento convincente para no leer este libro y los otros cinco de la serie, aunque coinciden los críticos amateurs (de habla inglesa e hispana) que el quinto libro sobresale del resto, tratándose de la adultez temprana del autor y su formación como escritor. Para esto hay que especificar que los libros de esta serie, son novelas con apego a la realidad (si entiendo bien) y son relatos no ficticios que han sido relatados bajo la etiqueta de la ficción. Podría entenderse por los comentarios y reseñas que la intención de Karl Ove es modernizar los estilos literarios de James Joyce (cuya obra conozco parcialmente) y Marcel Proust (que sólo conozco por referencias en libros de teoría literaria).

La primera conclusión en nuestros tiempos es que tratándose de libros, uno tiene que llegar a sus propias conclusiones y no dejarse espantar (o apantallar) por las proclamaciones de los lectores en Twitter y por las reseñas que están saturadas de teorías literarias, porque ante todo esto siempre falta una pregunta que siento que a muchos lectores nos es negada:

¿Es buen libro?

Con esto me refiero a una pregunta aún más sencilla -¿Me voy a aburrir? Parece una pregunta que excede los limites de simplicidad que podemos permitirnos como lectores justamente porque parece dejarnos en evidencia de ser malos lectores, que leemos sin inteligencia por buscar algo que nos entretenga y nos devuelva algo de lo que invertimos en una lectura. ¿Le voy a entender? La comprensión a veces es segunda o tercera prioridad de la literatura que con frecuencia me parece mala.

Harto de especular y sospechar de la opinión pública en línea, adquirí esta obra en versión audiolibro, con duración de 20 horas. Fue imposible leer a Karl Ove sin la intención de confirmar o desmentir las opiniones de otros, como si lo que estuviera en juicio no fuera tanto un libro, sino las motivaciones del comportamiento de los lectores en redes sociales. La publicación de las lecturas en Facebook e Instagram parece ser más en beneficio de la imagen del lector que del autor.

A manera de reseña rápida, Tiene que llover relata en primera persona las vivencias de Karl Ove como estudiante de escritura en la ciudad de Bergen, sus desencuentros con sus compañeros de clase, su consumo excesivo de alcohol y los consecuentes desplantes, sus relaciones con mujeres y con sus familiares. Entre tanto, Knausgaard vive en un mundo de dudas sobre sus habilidades literarias, tema que se vuelve central a lo largo de la obra.

La respuesta sencilla es que Tiene que llover es un libro entretenido. La narración de Karl Ove goza de fluidez y si bien se le acusa de hablar en exceso de la cotidianidad, sus reflexiones están marcadas por un espíritu ligero. En 20 horas de audiolibro, que escuché en mis trayectos a la oficina, más de una vez perdí la paciencia con algunas de las reflexiones de Karl Ove pero se redimió pasando rápidamente a hablar de otra cosa.

La respuesta enredada es que esta obra relata prácticamente todo lo que le ocurrió en los más de diez años que abarca el libro, con esto que llaman narrar la cotidianeidad. No tiene trama y no parece responder a una pregunta central. Simplemente va contando las cosas como las ve y como le ocurren, si acaso con márgenes emotivos estrechos y un poco viscerales, más un ligero toque lírico en la voz narrativa.

Mi teoría es que el Karl Ove ha hecho lo que procuramos hacer muchos escritores, escribir como mejor podemos. En la obra menciona a los clásicos que también aparecen en las reseñas, a Proust, a Joyce y a varios más, aunque no por ello se pueda decir que está haciendo algún comentario sobre la obra de aquellos escritores. Se dice que busca emular En busca del tiempo perdido. Tiene que llover tiene un extraña contradicción, carece de drama, es lento, no tiene una trama central y a pesar de ello, después de 20 horas de seguir a Karl Ove por su vida de escritor, puedo decir que leer su libro no fue tiempo perdido.

@bdebuen

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