La Liga en la Rosaleda

El día que el Valencia tenía programada la visita a la Rosaleda de Málaga para finalmente certificar un campeonato de liga, Moralito debía llevar a su tío a la cantina Gante para ver el partido por televisión. Bastaba un empate para liberar una tremenda inundación sobre la larga sequía de títulos. Pero esa mañana el tío Paulino no despertó de sus sueños de gloria y fue Moralito quien lo encontró descansando para la eternidad en la comodidad de su cama.

 

1976-44
Foto: Odón de Buen, 1976

 

Horas más tarde, el triunfo del Valencia llegó gracias a un cabezazo de Ayala y un gol antes del descanso anotado por Fabio Aurelio. Todos los meseros y los dueños de la cantina Gante vieron el partido y llevaron la noticia al velorio de Paulino. En las postrimerías de la tristeza y los despidos, cuando se puede recordar con humor a los difuntos de vidas empedernidas, Leopoldo, gerente de la cantina, le confesó a Moralito que temía cada vez que Paulino ordenaba paella.

-Ordenaba paella siempre- dijo Moralito.

-No tenía dientes.

Paulino no tenía parientes de su generación y siempre fue Moralito quien velaba por su bienestar. Por supuesto también los padres de Moralito procuraban hablarle y visitarlo y, junto con otros integrantes del exilio, lo visitaban de vez en cuando, aunque no con la regularidad y periodicidad de los partidos de la Liga Española. Paulino fue el responsable de enseñarle a Moralito como atacar por las bandas desde su posición en la defensa. Le enseñó a dejarse caer cuando los rivales lo tocaban, sin obviar la falsificación, claro está, y cómo irritar al rival y buscar que expulsaran a los contrincantes dentro de los marcos legales del futbol. Si tu equipo tiene un tiro libre, párate enfrente de la barrera rival, brinca si es necesario, estórbales. O párate frente al portero, que no pueda ver el balón. Si el tiro libre es para ellos, párate en el balón y no te muevas hasta que el árbitro te amenace de amarilla. No hay prisa cuando vas ganando. Rompe el reloj. Si vas perdiendo, persigue cada balón. En la cancha, frente al árbitro, los puñetazos recibidos siempre beneficiarán más a tu equipo que los puñetazos emitidos.

por Benjamín de Buen @bdebuen

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